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miércoles, 25 de septiembre de 2013

identidad nacional o identidad mundial


En principio hay que diferenciar que la igualdad y la identidad no es lo mismo, así como tampoco lo es la cultura de la Identidad, sea esta nacional o mundial, el hablar de identidad nacional , es decir, el sentimiento de pertenencia a una colectividad histórico-cultural definida con características diversas, rasgos de cosmovisión definidos con mayor o menor localismo o universalismo, costumbres de interacción, organización social y política , etc.

Actualmente contamos con costumbres, palabras e incluso tabús  similares entre países que nos hacen pensar que el adoptar ese tipo de pensamientos nos hacen tener una identidad, claro está que sería una identidad individual o grupal pero no abarcaría tanto para ser nacional, por ejemplo en México existen fechas y tradiciones muy remarcadas desde hace ya muchos años, sin embargo el apego por querer una vida parecida a la del extranjero nos hace realizar festividades que para nosotros no tiene mucho sentido, próximamente se celebrara el 2 de noviembre día de muertos con rasgos tan característicos como las calaveritas, el pan de muerto, las ofrendas que nos hacen recordar a nuestros difuntos, pero lamentablemente eso ha cambiado bastante drástico los últimos años, donde ahora los niños piden dulces a partir del 31 de octubre en “Halloween”, sus disfraces ya son específicamente de monstruos, brujas, etc. Dando vida a un rito que no es propiamente mexicano.

Así como este ejemplo hay muchos otros,  que nos hacen pensar que cada día que pasa perdemos más el sentido del lugar donde nacimos, ya no nos deleitamos con unos tacos de banqueta y preferimos sushi o hot dogs , al final la identidad nacional se ve simplemente marcada por los sentimientos  en forma concreta del grupo al que pertenezcamos a menor escala sea en familia, con amigos o como municipio incluso, la lengua, la raza, la religión, la clase social, la condición sexual, etc. Suelen ser la referencia más explícita de los símbolos nativos o signos distintivos (banderas, escudos, himnos, selecciones deportivas, monedas, etc.

Tal vez a veces pensar en la identidad nacional se piensa en que ya ningún país es como era, y que a medida que avanza la vida las ganas de pertenecer al lugar de origen se va perdiendo, pero aún queda el orgullo y la fe de pensar que todo se puede retomar, quizás ya no de la misma manera pero si el conocimiento y la prevalecer la historia.

Para quienes hemos nacido en la era de la televisión, el internet, las redes, la comida rápida, la música en aparatos cada vez más pequeños, palabras de origen extranjero nunca fueron extrañas; del mismo modo, han sabido incorporarse aún más,  entre tantos otros términos, para adaptarse a las crecientes posibilidades que ofrece la tecnología y la vida misma. Algo similar ocurre con los géneros musicales: una pareja de japoneses bailando tango en un teatro de Kyoto resulta tan común como un español interpretando un rap escrito por él mismo, en su propio idioma.

Quien se considere ciudadano del mundo no tiene por qué adherirse a ninguna ideología en particular, aunque existe la tendencia a asociarlos con filosofías sobre la nación y el mundo como el internacionalismo, el cosmopolitismo, el anacionalismo, el globalismo, o el federalismo; y con filosofías políticas tales como el paternalismo libertario y el racionalismo progresivo.

Ahora bien la identidad mundial o global habla más allá de lo que somos cada nación, sino de lo que hacemos entre todos, como nos defendemos y auxiliamos, como también nos destruimos o emigramos, los tratados y convenios, la importancia de creer en un papa o en un Gandhi, de mesclar nuestras creencias y fortalecer lo que ya somos, en dado caso lo ideal será renovar, mejor y expresar a cada momento el concepto de humanidad, de humildad y cooperación, mas es no sucede muy a menudo, al parecer en conocer el mundo nos ha dado armas para destruir el planeta y a quienes vivimos en él, el no poder eliminar la servidumbre, la humillación, el racismo, nos acerca claro a una identidad de desconfianza pero sobre todo a una identidad deshumanizada, desinteresada y moderna claro pero solo para el bien propio ya ni siquiera grupal, familiar o nacional.










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